HEMOS DEJADO DE RESPIRAR

Hemos dejado de respirar, la esperanza en la humanidad parece alejarse, teniendo un mismo corazón para querernos, preferimos lo más difícil, el odio y el prejuicio para dividirnos, para matarnos. Lo hemos hecho, lentamente, a veces sin armas en nuestras manos. La lanza no es siempre la que hiere, la indiferencia que es nuestro escudo, deja para siempre abierta las heridas. Porque todos en algún momento nos hemos sentido heridos, discriminados, por nuestra piel, por nuestra descendencia, identidad sexual, edad, condición física, económica, social y hemos repetido como patrón en el inconsciente lo que otros nos han hecho. Los prejuicios humanos no son más que emociones rotas que alguien sembró en nuestro corazón y que nunca aprendimos a reparar. En el fondo todos llevamos algo roto, muchos intentamos curarnos equivocadamente hiriendo a los demás, en diferente grado. ¿Y si  en lugar  de querer cambiar la pesadilla del mundo, empezamos por curar nuestras partes rotas?

Porque no es una película de terror ante nuestros ojos la que nos hace agarrarnos de los asientos y sentir que viene el miedo a ocuparnos, es la realidad la que nos sacude y nos grita que no hemos aprendido absolutamente nada. El dolor de la historia parece haber sido en vano. Si sientes que no te ha alcanzado la desgraciada por lo que le hacen injustamente a otros. Tampoco has aprendido nada.  

Los que gritan por la injusticia con todas su fuerzas y tienen unos ideales fomentados en lo humano, desde la paz, el entendimiento y el respeto,  nunca serán opacados por las voces que no dicen nada, y solo arden de mediocridad, aunque sean ellos los encabezados en las noticias.

No hemos salido de el caos de una pandemia cuando un desgarrador asesinato, empeoró la herida de nuestro presente.

Nunca antes tuve tanto miedo por mis hijos. Por los que intento ser mejor ser humano. ¿Qué pasará cuando vean que la maldad suele ganar a veces? No se si sienten ustedes incertidumbre o pueden seguir su vida sin ninguna pregunta. ¿Cómo vamos a explicarles que no hemos aprendido la lección? Que estamos ciegos y además, cada vez somos menos humanos. Les repito la pregunta: ¿Y si  en lugar  de querer cambiar la pesadilla del mundo, empezamos por curar nuestras partes rotas?

Erika Vidrio

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